Twin Peaks: El desconcertante y fascinante regreso

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Desconcertante, avasalladora, inquietante, terrorífica, oscura; para darte vuelta la cabeza. Esas son mis sensaciones luego de ver el esperado regreso de Twin Peaks.

“Nos vemos en 25 años” nos recuerda David Lynch, con esa escena de Laura Palmer señalando a Dale Cooper que en algún momento estarían de regreso. Y esto sucede en un aventura que nos trae al director en pleno estado de forma, adueñándose de su obra al 100%, sin medias tintas y el espacio para la duda. Lynch no sólo sorprende con su ya acostumbrada forma de dirigir, con ese ritmo pausado, personajes extraños e inverosímiles y una composición mágica, también nos deja con la boca abierta tras decirnos que el pueblo de Twin Peaks tiene menos peso que en aquellas dos temporadas de principios de los 90.

La trama se expande, New York, un pueblo cualquiera en Dakota del Sur y Las Vegas, se hacen presentes en un panorama retorcido. Una instalación artística que se convierte en una cruel pesadilla, un asesinato con tintes demenciales y momentos de perturbación continua expanden el universo rural y lo convierten en un relato mucho más horizontal y creativo. Modernizado, si se quiere. Cuesta entenderlo a priori, más que nada por el eterno cariño hacia ese lugar del café, los pie y las donas, pero con el paso de los minutos se digiere y entiende, en especial por el factor Dale Cooper.

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Una de las grandes interrogantes del final de la segunda temporada se resuelve de manera exquisita en este inicio, el agente sigue atrapado en la Logia Negra mientras su doppelganger anda suelto asesinando gente. Más relevancia toma aún cuando se nombra a Bob, otra de las incógnitas que se tenían. La habitación roja constituye todo un festival de surrealismo, con un sonido que absorbe y una imagen que atrapa. Sirve, además, para dar rienda suelta a toda la mitología Twin Peaks como el tema del árbol y a jugar con posibilidades relacionadas al tiempo y espacio.

Por su parte, tenemos a este Cooper maligno dejando huella en diversos territorios, cuya imagen ha desaparecido de Twin Peaks. Acertado me pareció el hecho de expandir a estos seres y no encerrarlos en un hábitat determinado.

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Introducción con mesura

Sin dudas que una de las mayores atracciones para este regreso se enfocaba en ver a los personajes de antaño, su evolución física y psicológica. No obstante, y como se mencionó más arriba, Lynch declara que la nostalgia no será el motor de esta aventura por lo cual los roles irán apareciendo en su justa medida y no de un tirón.

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Así van apareciendo los hermanos Horne, Hawk, Margareth, entre otros. Todos desde un miramiento más superficial, sin saber aún lo que les ha pasado durante estos 25 años. A la postre resulta una jugada muy interesante, comprendiendo que es una serie de largo aliento. Demás está decir la emoción que genera ver a cada uno de estos personajes, y me imagino que pensando en los fanáticos de la serie, Lynch busca ir entregando esos momentos paso a paso.

 

Relación entre dos mundos

La gran conclusión que se saca tras este regreso es que se explotará aún más la relación entre el bien y el mal, entre lo terrenal y espiritual, entre lo razonable y lo extravagante, lo real y surrealista. Este mundo donde lo onírico y terrorífico se presenta como estandarte es la gran apuesta de continuidad por sobre los resquemores de un pueblo o el asesinato de una joven 25 años atrás. Acá existe una lucha mucho más potente.

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Lynch ha regresado dejando sus intenciones claras, viene a pasarlo bien, con miles de referencias a su filmografía y con esa libertad creativa que tanto buscó en los 90 con la serie. Hoy ella es completamente suya, y junto a Mark Frost están dispuestos a defenderla sin ese afán de conseguir una audiencia rimbombante o atraer más gente. Es un relato de autor, honesto por sobre toda las cosas.

Por último, y por ello no menos importante, como en toda obra se escuchan voces disimiles, en esta caso aumentadas por esa extravagancia típica del director de cintas como Blue Velvet. Lo que nos ha regalado Lynch es lo que vienen haciendo Bryan Fuller con Hannibal y ahora con American Gods o Noah Hawley con Fargo y Legion. Es la búsqueda de la historia más pura, sincera y honesta, sacadas desde tus entrañas, con todo tu imaginario y grado de locura puesta al servicio de la calidad.

He disfrutado increíblemente este regreso, me he emocionado, he perdido la cabeza y he quedado desconcertado. Toda una vorágine de sentimientos como pocos pueden transmitir. Es David Lynch, es Mark Frost, es simplemente Twin Peaks.

 

 

 

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