Banshee y su última temporada: Toda la carnicería a la parrilla

La producción de Cinemax no guardó nada en sus ocho episodios. Apeló al rompecabezas policial, drama de sectas, nazismo y la crudeza que hostiga. Acá algunas ideas sobre la sesión de despedida de Banshee.

[Amig@s seriéfilos, si todavía no han terminado la cuarta (y última) temporada de Banshee, es mejor que no sigan leyendo el artículo]

Si esta es la última vez en la que nos veremos las caras, será mejor que te vayas con un gran recuerdo. Una sensación inolvidable. Independiente que cause alegría o tristeza, ésta es la despedida. Llena de metralla, insanidad y sangre, así es como me marcho”.

Si Banshee fuera una persona, un simple ente parlante, esas serían sus palabras para el adiós.

La producción de Cinemax no guardó nada en sus ocho episodios. Apeló al rompecabezas policial, drama de sectas, nazismo y violencia que obliga a cambiar la mirada por unos segundos ante la crudeza de los actos.

1.- 18 meses

Un año y medio de los acontecimientos en la base militar del coronel Douglas Stowe con el millonario robo; la muerte de Gordon, el esposo de Carrie; y el secuestro de Job, Lucas Hood colgó la placa. Se apartó de la ley y cayó en depresión. La frustración de no poder encontrar a su amigo lo trasladó a un estado deplorable.

En esa soledad parte Banshee en su sesión cuatro. Pero además con otro golpe notable. El asesinato de Rebecca Bowman, la sobrina de Kai Proctor y futura heredera de este capo en el pequeño pueblo de Pensilvania, a manos de un supuesto homicida serial. Un ritualista satánico que en un par de casos les quitó el corazón a sus víctimas. El rostro de la maldad fue dado a Declan Bode. Un sujeto con modificaciones corporales, un enviado de Satán para dejar huella.

Probablemente el pilar más débil de Banshee en su despedida. No tan espectacular al lado de los problemas de Kai Proctor con un cartel colombiano, la brutalidad “aria” de Calvin Bunker en su misión de destronar al tío de Rebecca y la reaparición de Job luego de sufrir las más terribles torturas en una agencia de seguridad del tipo “fuera de los libros”.

Cuánta información. Lo anterior lo enmarco en una radiografía general. Relevante en la línea del tiempo de Banshee.

2.- Dosis de brutalidad

Decapitaciones, descorazonadas, desmembramientos, inmolaciones, tortura y un largo etcétera. Imaginen el dolor humano y la brutalidad continua. Banshee subió sus dosis de violencia y los litros de sangre por desparramar.

Pensar que un pequeño pueblo pueda sobrellevar la vida salvaje también llega a ser hilarante. Un imán para atraer la mierda más increíble. El mismo sheriff Brock Lotus lo planteó de esa manera.

La mejor prueba de esta violencia, la concluyente y cíclica, la demostró el mismo Kai Proctor, quien luego de descubrir que el verdadero asesino de su sobrina fue su guardaespaldas Clay Burton, lo abrazó, lo tranquilizó, lo trató como un hijo para luego desnucarlo y cobrar revancha por la mortal decisión. Se veía venir eso sí. La lealtad a toda prueba del rol de Matthew Rauch hacia el alcalde de Banshee lo ubicó como uno de los principales sospechosos del crimen.

3.- La resistencia de Job

Todos daban por muerto a Job. Esa incertidumbre permitió durante meses el daño físico y mental del genial hacker y amigo de Hood. Como prisionero de un ala secreta de seguridad, el papel de Hoon Lee expuso la faceta más dramática de la temporada. Inquieta, dolorosa y una pesada mochila de agresión.

Un meticuloso plan que unió a Carrie con Lucas Hood, más el dinero guardado por Sugar, permitieron un sangriento intercambio. Se extrañó la acidez y el estilo de Job en su periodo cautivo.

4.- La centinela

Su misión estuvo enfocada en joder cada paso de Kai Proctor. Carrie fue la justiciera de Banshee. Una Jessica Jones cualquiera. Sin poderes sobrehumanos, pero sí con todo su conocimiento en lucha cuerpo a cuerpo y un contundente manejo en armas de fuego.

¿La razón? La muerte de su esposo Gordon. ¿El o los responsables? Las truculencias y negocios ilegales de Proctor.

El poder de fuego de Carrie concluyó, y sin respuesta, cuando con un bazucazo (dado por Brock) finiquitó un negocio de drogas del cartel colombiano con Kai.

¿Y qué pasó con Proctor? En supuesta muerte quedará catalogada la existencia de este villano, quien en la parte final del 4×08 enfrentó en soledad a un grupo de matones del cartel.

5.- Mi nombre es…

Yo apuesto a que se llama Max. Max…algo. Tal como el hijo de Carrie (Ana). Será la incógnita que se fue en pantalla, la verdadera identidad de Lucas Hood.

El protagonista de Banshee cumplió con mis expectativas. En ocho episodios pasó de la aislación a la aislación. Alejado de los problemas, para despedirse y seguir su camino en modo solitario, pero con la intención de cumplir, en la medida de lo posible, con su rol de padre con Deva.

La clásica sentencia de que hay personajes que atraen la muerte y la desgracia completó a Hood durante esta temporada. Motivación general para partir de Banshee y ver en flashback sus momentos felices con dos grandes amores: Carrie y Siobhan Kelly <3. También agrego a Rebecca pero más como una amistad, una contención en una etapa compleja de la interpretación de Antony Starr.

La temporada cuatro de Banshee será recordada por no guardar nada. Toda la carnicería a la parrilla. Sin resguardos. Lleno de fotografías mentales de Lucas Hood con el camino recorrido. Sin duda cumplió la serie de Cinemax. Explotó al máximo su esencia y cerró de manera práctica un relato de violencia y destrucción alrededor del Lucas Hood en fake.

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