Columna sobre cuarta temporada de The Walking Dead: “Guateó”

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Guatear es una palabra de naturaleza coloquial, utilizada en Chile como verbo intransitivo para definir aquello que no cumple con la exigencia requerida. Este mismo dicho también se aplica para calificar a una persona que se arrepiente o que muestra debilidad. Esta cuarta temporada, The Walking Dead cubrió todos los matices del guateo: no estuvo a las alturas de las expectativas, se contuvo en muchos aspectos y ejecutó débilmente los episodios claves. 

Felipe Estay

Alguna vez George Romero se refirió a esta serie como “una telenovela donde aparece un zombie de vez en cuando”. Aunque la sentencia fue duramente recibida en su momento, había una verdad latente en sus palabras de mala leche. Incluso cuando estaba Frank Darabont a la cabeza, la serie estaba cayendo en un ritmo mecánico y predecible. Para aquél entonces abundaban las críticas en internet que acusaban un “estancamiento” en el transcurso de los episodios. Por “estancamiento” se referían a esos momentos de letargo argumental en que la historia tiene un desarrollo mínimo o muy poco interesante. Yo mismo pensaba que la monotonía se originaba cuando los personajes estaban enclaustrados en un mismo lugar físico como Woodbury o la granja de Hershel. Pero me equivoqué, porque esta temporada tuvo más peregrinajes que ninguna y registró los momentos más aburridos que he visto en todo el show.

Con la comunidad de sobrevivientes alojando en una prisión abandonada, la propuesta de ralentizar el vertiginoso ritmo de la temporada pasada sonó interesante durante los primeros capítulos. Así como el castillo de la muerte roja, la fortaleza fue penetrada por el asesino más etéreo que existe: la enfermedad. Esta atmósfera funcionó, pero las acciones monocromáticas de los personajes dejaron mucho que desear. Si no fuese por el alcoholismo de Bob o la psicopatía de Lizzie (una pésima decisión de casting por cierto), el tono del programa sería verdaderamente telenovelesco. Incluso protagonistas de pasados tormentosos como Carol, Michonne y Daryl, quedaron al debe, siendo este último tan unidimensional que arriesga convertirse en el Legolas de la serie. Peor fue cuando supe que sus contrapartes del cómic habían tenido sexo casual en la oscuridad de las celdas o que un personaje clave terminó suicidándose. Muestras de humanidad. Cosas que uno esperaría de un grupo enclaustrado voluntariamente para resistir la extinción de la especie.

Por otro lado, nuestros héroes tienen que hacer cosas atroces para sobrevivir, pero todas sus acciones quedan en eso: sobrevivencia. Elementos como la insensibilidad de Carl o el sadismo de Michonne aparecen cada cierto rato en el parlamento, pero a la hora de reflejar sus acciones, nada parece tan repugnante como para justificar horas de debate sobre moral. Aquí es donde siento que la serie se contiene, pues el material original es implacable en estos mismos lugares ¿Sabía usted que en el cómic, Michonne realmente tortura al Gobernador? No forcejea con él y le entierra un vidrio en el ojo. No señor. Forcejea con él; lo amarra; le clava el pene a una tabla; le mete un taladro en el hombro; corta uno de sus brazos con la Katana; le saca el ojo con una cuchara y finalmente lo castra ¿Por qué? Porque el Gobernador la violó brutalmente en repetidas ocasiones. Concedo que la escena es extremadamente violenta y su paso por los filtros de la televisión hubiese sido difícil, pero estos hechos dan sentido a sucesos posteriores, otorgan una razón concreta a tanto odio entre ambos y adelgazan la línea entre buenos y malos.

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Esto nos lleva a otro damnificado por aquella falta de convicción: el Gobernador. De un momento a otro, este gran villano se transforma en un hombre anónimo y perturbado. El personaje vaga por una fosa existencial cuando conoce una familia de sobrevivientes, quienes lo ayudan a exorcizar los demonios de su pasado. A poco andar, la procesión del personaje se hace ambigua e incoherente con su pasado y futuro ¿Cuál era el objetivo detrás de esos capítulos reivindicativos?, ¿Decir que el hombre trató y no pudo? Si de generar ambivalencia se trata, hubiese preferido conocer su etapa anterior de “Brian” y ver algo de su transformación hacia un cruel dictador.

Finalmente, la pequeña historia del Gobernador termina con una invasión, un tanque y balazos a mansalva. El enfrentamiento dejó un elevado saldo de muertos, incluyendo el mismísimo villano. Pero de todas las bajas, hubo dos que se grabaron a fuego: Hershel y Judith, de quien sólo suponemos su muerte, pues sólo vemos el sillín ensangrentado de la pequeña. Ciertamente un episodio inmisericorde pero excelente.

Con un medio tiempo de dos meses, TWD volvió para mostrar el éxodo de sus personajes. La cárcel queda en ruinas y el grupo huye fragmentado de la catastrófica batalla. Los guerreros de Rick están divididos en duplas, tríos y cuartetos. Glenn es el único solitario, pero conoce a un caricaturesco grupo de militares (parecidos a Van Damme en Street Fighter) mientras Carol se encuentra con Tyresse, quien lleva en sus brazos a la pequeña Judith. Sana y salva*. Todos vagan por el bosque, siguiendo las señales de un punto esperanzador en el mapa: Terminus.

Debido a la naturaleza de las circunstancias, los capítulos dividen su foco entre los distintos núcleos de sobrevivientes. Lamentablemente, la narrativa se pierde tanto como los personajes que vagan por el bosque. Entre fogatas y campamentos, hay extensos diálogos que ahondan en el perfil de cada protagonista: sus pasados, motivaciones, filosofías de vida. Etc. Incluso hay tiempo para hacer reiterados “flashbacks”. Este mecanismo episódico ha sido conceptualizado como “Character Development” o “Desarrollo del Personaje”, ya que TWD no es la primera serie que utiliza este recurso. En “Lost” por ejemplo, explotaron magistralmente estos tiempos (hasta que se les fue de las manos): las imágenes del pasado servían para que el espectador conociese información relevante y desconocida, como cuando supimos que Locke era un hombre lisiado o que la mujer coreana hablaba inglés a la perfección. En TWD, lo más novedoso que sabemos es que Michonne tenía un hijo y un esposo, pero esa información es inútil para entender mejor el presente del personaje ¿No sería más interesante saber cómo llegó a convertirse en una espadachín experta o ver de dónde sacó la idea de mutilar y encadenar a los zombies de su marido y amigo? Si la serie va a invertir más en sus personajes que en las secuencias de acción, esa inversión tiene que valer realmente la pena.

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Punto aparte merece el último capítulo de la temporada, que es por lejos el más interesante de esta etapa. La llegada a Terminus de Rick, Carl, Michonne y Daryl eriza los pelos. Al menos en este último respiro, TWD demuestra que su fortaleza está cuando se dejan las divagaciones de lado. Oremos por que los guionistas tomen nota. Amén.

*Cito por última vez el material original cuando digo que Judith sí muere en la huida de la cárcel, y de una forma tan trágica como bestial. La adaptación televisiva fue mucho más acertada en mostrar una sillita con sangre. No entiendo a que se debe la reaparición de este personaje en pantalla. Me huele a autocensura de los escritores y guionistas. Ojalá me equivoque, porque hasta en la biblia hay infanticidios.

 

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