Cinco puntos sobre la midseason finale de la tercera temporada de How to Get Away with Murder

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Ni la mejor telenovela venezolana o mexicana hubiese sido capaz de soportar la cantidad de emociones e incesante tensión que vivimos en la primera mitad de la tercera temporada de How to Get Away with Murder.

Por Jonathan Navarro más apuntes de Cristóbal Meléndez 

La cuota de una víctima fatal, heridos, nuevas parejas, traición, embarazo, alcoholismo y el enfrentamiento a los peores miedos. El aspecto académico y legal se difuminó entre las llamas que destruyeron la casa de Annalise Keating y que encubrió el hecho más relevante de esta etapa.

En los siguientes puntos ahondaremos las principales claves de estos primeros nueve episodios.

1.- “Wesworld”

Hay que iniciar este análisis con la conclusión de una era. Aquella que va desde “Waitlist” hasta la del promisorio pretendiente a jurista. El creador de la serie, Pete Nowalk, extirpó del caso HTGAWM a Wes. Sí, al cachorro de Annalise, quien aceptó la irregularidad, la falta de ética y la lealtad de la manera más tenebrosa.

Durante los nueve episodios iniciales de la tercera sesión de How to Get Away with Murder se jugó al misterio con la víctima del incendio de la casa estudio de Annalise Keating. Piezas de un rompecabezas que cayeron con el suspenso siempre bien conjugado con el descarte de eventuales caídos en desgracia.

Hasta el último instante esperamos la fatalidad entre Nate, Frank o Wes. Un estresante 3×08 descartó la partida de Delfino y una entrada en la morgue del detective consultando los resultados preliminares de la autopsia de Gibbins dieron la respuesta. La serie de ABC nos sometió a un genial juego de tiempos, porque en las reconstituciones de hechos de la temporada, la salud y determinación Wes lo colocaron en un sitio de relativa tranquilidad. Alejado del fuego. Sin embargo, en el engaño se perpetuó la sorpresa.

Igualmente me parece bien la partida del rol de Alfred Enoch. No me agradó la relación amorosa con Laurel. No cuajó a primera vista. Razón suficiente para descartarlo del resto de la sesión.

2.- Vodka funcional

La acumulación de problemas generó el estado de calamidad de nuestra abogada favorita. La degradación a nivel personal chocó con la falta de contención y la incapacidad para soportar la mentira que por años sustentó su fallecido esposo Sam y su colaborador Frank tras conocer la verdad sobre el accidente de tránsito que la llevó a perder a su hijo.

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Por tal razón estos nueve capítulos nos deleitaron con la caída, la aparente resurrección y una recaída en el alcohol. La aceptación de esta adicción, en favor de su vida laboral y personal, levantó la cruda realidad de la profesora Keating y le dieron un especial acercamiento al rol de Lauren Velez (Dexter), Soraya Hargrove, personaje a cargo de la facultad de leyes y termostato de la relación entre la universidad y el papel de Viola Davis.

Y si vimos la resistencia etílica de Annalise, también observamos su periodo de sobriedad. La concentración alimenticia en la comida chatarra y su lucha por la desintoxicación. Muy sólida la nominada a los Critics’ Choice Awards como Mejor Actriz.

3.- La apuesta del equilibrio

No sé si será por lo vertiginoso de How to Get Away with Murder, pero la ecuanimidad de Bonnie llega a descomponer. Pero en el buen sentido del término. El aguante y la convicción para aunar las pasiones entre Frank y Annalise la hacen acreedora del título a la más manipuladora, pero además a la más noble por el deseo de restablecer esa sinfonía legal-académica liderada por su jefa.

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Amor para uno, amor para todos para pacificar las atormentadas almas de esta primera mitad de la tercera temporada de HTGAWM.

4. La fórmula -peligrosa- del cliffhanger 

El efecto “enganche” sin dudas resulta muy productivo a la hora de querer atrapar a tu audiencia de cara al próximo episodio, y eso durante los nueve episodios fue una constante. Suele resultar llamativo cuando se utiliza de la manera justa, no obstante el abuso termina por agotar. Desde el primer episodio sabíamos el enfoque de la trama principal por lo cual se hace excesivo tanto “momento culmine” en los desenlaces. El clímax puede ser trabajado de una forma más pausada.

De igual forma el agotamiento no debe ser sinónimo de aburrimiento, ya que el trayecto tuvo un cierre precioso, con ese manejo del tiempo magistral.

5. Una gran adicción 

HTGAWM es adictiva, cuesta asimilarlo pero cuando te das cuenta que no hay mayor remedio lo reconoces y hasta con cierto gusto. Lo suyo es una oda a la adrenalina y euforia. Los capítulos se pasan volando al ritmo de una dirección trepidante, audaz y volátil. Como en toda adicción, no obstante, hay aspectos que se deben tratar. Por momentos personajes como Michaela o Asher quedan a la deriva, flotando en un mar donde las ideas parecen no tenerlos muy en cuenta más allá de lo “sexual”. Con Connor y Oliver pasa algo similar, aunque lo salva la maravillosa química que tienen los actores.

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Como sea, la serie logra un atracción única. Diversión pura se podría decir que la eleva a un nivel más que satisfactorio.

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