Balance de la tercera temporada de Sr. Ávila

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Después de mirar el final de tercera sesión de Sr. Ávila bien podríamos pensar en la edificación de una estatua para Roberto. La pasta heroica apareció en las postrimerías de la serie.

Tampoco hay que dejar de lado la aparición a nivel murmullo de los Apóstoles, entidad superior a la de Los Señores, y la persistencia (irritante) del padre de Erika Duarte para dar con los asesinos de su hija.

Quedé disconforme en el balance total de los diez episodios de Sr. Ávila. Debe ser por las repetitivas líneas en el negocio de la muerte. La frase “tenemos un problema” quedó enmarcada en un mínimo de cuatro capítulos. Ex sicarios resucitados, dramas personales del staff de la funeraria y la consolidada desconfianza de los otros señores con el liderazgo de Ávila beneficiaron esta fase.

A continuación les hablaré de cinco focos en los que se posó la serie de HBO.

1.- Señor Poderoso

Fue algo desconcertante encontrar una nueva capa dominante. Al final de cuentas los Señores son marionetas de los denominados “Apostoles”. El rollo a medio andar de este nuevo rango se explicó con la presencia del Martijn Kuiper, el “Hombre Poderoso” según los créditos. Acento español, plena cercanía con Linares (una especia de Iván, pero más simpático y tecnológico) y mucho más autoritario. Cerebro de toda esta sinfonía de muerte. Ojos en el cielo para la funcionalidad del mercado sicario. Descripción superficial en sus breves pero severas apariciones.

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Lo medular de su participación está en su golpe a la mesa, una apertura de mente brutal para el ex policía y un -intento de- asesinato final contra Roberto Ávila luego de superar el tema Molina-Erika. Un desenlace que habló de los orígenes de nuestro protagonista y que lo dejó en un moribundo suspiro. Una clara firma de la frialdad de este nuevo enemigo. El mejor ejemplo de que tanto poder puede desbordar nuestras vidas.

2.- Molina fantasmal

El mal de los males giró en torno a las actividades de un espectro. Un personaje que jugó a estar fuera de los radares. Una particularidad del negocio, pues quien desea el retiro, casi siempre lo “jubilan”. Molina optó por su salida de la empresa para tomar mayor preocupación con su esposa enferma. Pero nada puede resultar bien cuando relatas tus mayores miedos ante una maquinaria que sólo produce y no presta atención a tus familiares.

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Esa contradicción gestó la desaparición de este secundario. Rol crucial en la sesión, debido a que fue Molina el encargado de asesinar a Erika. Un alguien de quien se pensaba estaba muerto y que reapareció a lo grande para aclarar uno de los mayores misterios de Sr. Ávila 3.

3.- La oscuridad de Ana

Ganó protagonismo. Conocimos su drama. La oscuridad en la cual vive su madre tras un vil ataque de su ex esposo. Con la mitad de su rostro quemado, el trauma de la madre de Ana agarró una potente fracción del drama. Una incomodidad que el silencioso rol de Camila Selser no pudo guardar por mucho tiempo ante Iván y Roberto.

Más aún con el arribo Jesús Galván (Jean Paul Leroux). Un visitante indeseado. Cobrador de favores, ex convicto y ex compañero de cárcel del padre de Ana. Su estancia duplicó la cuota de miedo en un hogar ya bien cargado a lo denso.

Con el cartel de “el hombre de la casa”, Jesús justificó deudas pasadas con el papá de Ana para vivir en gratuidad. Abuso, violencia y paranoia permitieron una falsa armonía familiar.

Gracias a la preocupación de Iván por las constantes ausencias de Ana al trabajo, se dio el rescate de las dos mujeres. Un espacio que culminó de manera terapéutica para la madre de Ana.

4.- El reconocimiento para Iván

Hasta que tuvo la determinación. Se atrevió a dar el salto. Tomar el cetro de Señor gracias a ese pequeño incentivo-empujón de la Sra. Isabel Santamaría, una de las voces más potentes contra la gestión de Señor de los Señores.

Decisión tomada. Arma de lujo, disparo y consecuencia azarosa. Sin embargo, apareció la suerte siempre bienvenida con el protagonista. En el instante justo y en medio de una discusión con el Dr. Duarte sobre el fallecimiento de su hija y las altas esferas del negocio de la muerte, la interpretación de Fernando Ciangherotti se levantó en el segundo preciso para recibir sin idea alguna el proyectil con destino original el Sr. Ávila.

Rescato la jugada que abrió una nueva proyección en la relación Iván-Sr. Ávila. En un extraño estado de estupefacción, más la recta final sobre el asesinato de Erika y la ambición del Dr. Duarte por llegar al nivel de los Apóstoles, un rayo de reconocimiento cayó sobre esta dupla de jefe y colaborador. Una confianza pocas veces vista en la serie.

¿Seguirá fortaleciéndose este renovado entendimiento? ¿Tendremos esa respuesta en una cuarta temporada?

5.- La dupla mortal: Sánchez y “Buitre”

Una pareja llena de culpa, corrupción y excesos. El reconocido trabajo policial del detective Sánchez se acompañó de un carismático personaje. “Buitre” animó el juego, y con razón, del papel de Juan Carlos Remolina en su tarea por encontrar la verdad en el caso de Erika (arista fundamental tras estas últimas oraciones de análisis de esta temporada).

Ambos al servicio de la ley y a la orden del negocio sicario. Muerte por donde se les mirara. Suma irremediable a su estadística de compañeros fallecidos en batalla. Los dos con el símbolo de la guadaña sirvieron con efectividad en las escenas de acción.

La mejor secuencia de la sesión se dio con la explosión de la camioneta del Director de la Policía, en conjunto a una carrera contrarreloj por frenar un contrato en marcha. No hay que dejar de lado a los Chivalsik. Presencia silenciosa, de sello y con un olfato único. Originales y con la solución de muchos problemas a la mano. Referentes y a estas alturas, genios.

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