8 objetos de culto de la vecindad de El Chavo del 8

Porque sin ellos las carcajadas no hubieran sido iguales. Acá te dejamos un brevísimo resumen de los objetos que beneficiaron las risas y la diversión en la vecindad más recordada en el mundo de la televisión, la de El Chavo del 8.

Jonathan Navarro

Entre pelotas, puros, churros y sobreros, la utilería de la comedia El Chavo del 8 subraya los tramos de imaginación, relajo y negocio de esta producción mexicana.

Por eso acá te dejamos un brevísimo resumen de los objetos que beneficiaron las risas y la diversión en la vecindad más recordada de la pantalla chica.

1-. El barril

El refugio del Chavo. Un objeto de madera que sirvió como nave espacial y barco pirata. Siempre al servicio de la imaginación.

2-. El sombrero de mezclilla 

Parte del look setentero de Don Ramón fue este sombrero que la mayoría de las veces pasaba en el suelo. Claro, el padre de la Chilindrina lo lanzaba al piso de pura impotencia por alguna injusticia y posterior cachetada de Doña Florinda.

3-. El billete de lotería

En un episodio donde predominó la euforia del padre de la Chilindrina por “haberle pegado al gordo” con un billete de lotería, este documento de azar trascendió porque diversificó las risas en un Chavo comerciante, en un Don Ramón nuevo rico, en una Doña Florinda con un tanto de envidia y en un Señor Barriga como el hombre más aliviado de México al saber que al fin le pagarían todos los meses de renta.

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4-. La pelota de Quico

De múltiples colores y diseños, los balones plásticos de Quico siempre identificaron al más mamón y cabrón de la vecindad. En relación a esto, el rol de Carlos Villagrán siempre aprovechaba la soledad entre bote y bote en medio del patio para anunciar la próxima llegada de su “pelota cuadrada”.

 

5-. Ropa para vender churros

En un capítulo épico que mostró la alianza comercial de Doña Florinda y Don Ramón para la venta de churros, fue la indumentaria que utilizó el papel de Ramón Valdés para el puesto de comida lo que más llamó la atención. Gorro de chef, mesa práctica, delantal y un plumero de papel para tener con toda la frescura a esta dulce fritura.

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6-. El libro de animales: La ardilla, el marrano…

El Chavo fue el que más sufrió con este texto de la Chilindrina. Esto porque la hija de Don Ramón lo usó para hacerle adivinanzas, las cuales si respondía bien la interpretación de Roberto Gómez Bolaños, recibía golpes y patadas en un ir y venir entre su compañerita de escuela y Quico.

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7-. El profe “chimenea”

Ver a un docente fumando en una sala de clases en la actualidad sería una locura. Sin embargo el profesor Jirafales, en el contexto de la década de 1970, cumplía con una generalidad. Un lujo y un acto nocivo para sus estudiantes. Un vicio de este pedagogo -(“¿y qué culpa tengo yo?”, diría Don Ramón)- que también merece un lugar en el recuento.

8-. Las obras de artes

Un ilógico tablero de ajedrez, una inútil máquina de escribir y el desayuno del Chavo se plasmaron en los dibujos de la clase de arte del profesor Jirafales. Mención honrosa a la caricatura del profesor “Longaniza” realizada por el hijo de Doña Florinda, y que le dejó una enseñanza sobre la honestidad.

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(Especial) El diccionario de El Chavo del 8: Desde Chichicuilote hasta Huachinango

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