7×01 The Walking Dead: el brutal regreso

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The Day Will Come When You Won’t Be”.

Por Manuel Saavedra y Cristóbal Meléndez

Un respiro, bastante profundo, uno más, es necesario calmarse y  luego uno definitivo, más pausado, para así encontrar las palabras necesarias. Cuesta bastante, y es probable que nunca nos sacudamos al completo, pero hay que intentarlo. No, no exageramos, lo que vimos es algo que hace tiempo le pedíamos a la serie: un capítulo a la altura de las exigencias, algo por lo cual decir “¿viste lo brutal que fue el episodio?”.

Violencia, sadismo, sangre, gore, pena, rabia, frustración, tristeza, la palabra que quiera le hace justicia a este regreso de The Walking Dead. Tras el final del sexto ciclo muchos “pataleamos” con el desenlace y por la maldad que significaba dejarnos con la interrogante de quién se transformaba en la primera víctima de Negan. Ahora con el resultado puesto en la mesa, no queda más que decir que la espera valió la pena. ¿Los motivos? Ese cumulo de emociones experimentas es la clave, aunque hay más.

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Témanle a Negan, premien a Lincoln

Finalmente lo hicieron. Y por partida doble. El regreso a las pantallas de The Walking Dead tiene algunas de las escenas más emocionales de los últimos tiempos y, por cierto, instancias que los fanáticos de los cómics esperábamos ver hace mucho. La serie cumplió y con creces, elevando, a la vez, la figura de Negan como el psicópata que es.

Abraham y Glenn... Son dolorosas las pérdidas, sobre todo después de años de conocer a los personajes. Sin embargo, en el caso del primero resultaba evidente su destino. Desde la temporada pasada, la serie nos bombardeó con pistas sobre lo que le sucedería. ¿Se transformaría en padre, se comenzaba a sentir pleno y realizado en la vida? Ok, nada que hacer en esta historia… Al menos se despidió como lo merecía, como la rudeza personificada e incluso con un ligero gesto a Sasha.

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El caso de Glenn es otro aparte. El intrépido joven que escapó más veces de la muerte que MacGyver se había convertido en uno de los favoritos del público, con justa razón. Si bien Glenn no solo había ganado el corazón de Maggie, sus días estaban contados. Necesitaba morir para que la historia avanzara y necesitaba hacerlo de una manera significativa (no obstante su muerte impacta, por lo sorpresiva que se hace y por ese tremendo “te encontraré” que le dedica a Maggie, un acto de despedida tan cruel que te pone los pelos de punta), de una forma que no fuéramos a olvidar jamás. Ambos personajes lo hicieron y así permiten que el resto del grupo enfrente complejos pero interesantes futuros. Eugene perdió a sus dos mejores amigos y deberá recuperarse a la fuerza; Daryl probablemente se verá en reclusión ante sentimientos de culpa; Maggie se queda sin su consorte en uno de los momentos que más lo necesitaba, deberá afrontar un embarazo, una sed de venganza y un rol mucho más relevante dentro del grupo; Carl definitivamente dejó de ser un niño y, sin derramar una sola lágrima de su ojo, madura a tal nivel que está dispuesto a perder un brazo por el bien de los suyos; y así en más para el resto de los personajes como Sasha, Rosita o Rick… Todos ellos, por su bien, deberían temer a Negan.

Podemos alabar el maquillaje y los efectos, incluso el guion, pero son realmente las actuaciones las que resaltan en este capítulo, particularmente la de Andrew Lincoln (Rick Grimes). Al comienzo de la historia es aún el líder del grupo, pero al final del episodio es simplemente una pertenencia de Negan. Es casi tan patético como Reek de “Game of Thrones”. Y al convencernos de esa transición, con poco diálogo y muchas emociones, esa actuación lo hace digno de un reconocimiento. ¿Por qué no un Emmy? O al menos una nominación.

El factor Rick

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Es interesante todo lo que conlleva este personaje, el peso emocional y la carga de hombre líder que ha debido manejar hace bastante tiempo. En la práctica, Rick es culpable de todo lo que pasó en este episodio empezando una guerra sin siquiera conocer a su enemigo. “Si no son ellos, seremos nosotros“, se excusaba en la temporada pasada tras masacrar a muchos hombres de Negan. Hoy paga las consecuencias de ese fatal acto.

El rol de Lincoln por fin da ese salto cualitativo que lo transforma en el personaje más potente de la serie, el moralmente más ambiguo. Verlo tan frágil y desmoronado por Negan es un tremendo paso a la hora de tocar la fibra más necesaria de un rol que en las últimas entregas se enfocaba hacia otra dirección. Si eso lo acompaña con una gran interpretación, el resultado será tremendo, como esa escena cuando Negan le hace creer que deberá cortar el brazo de su hijo. Sublime.

The Walking Dead regresa por todo lo alto y le exigimos más, que esta séptima temporada se convierta en el ciclo bisagra de una producción que necesita por obligación ser algo mucho más redondo. Si sigue este camino no cabe duda que lo conseguirá. Más Negan e interpretaciones para enmarcar es lo que queremos. Sin dudas que se puede.

 

 

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