6×11 Californication: The Abby

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Procesiones espirituales, un secuestro exprés y una despedida. El penúltimo capítulo ‘The Abby’ allanó el camino para un, al parecer, meditado y conformista final feliz de temporada. Se acerca el final de la sexta.

Jonathan Navarro (@BartonWBickle) 

Atticus dejó el negocio. Se resguardó en un centro de rehabilitación. Sin componer canciones, sin consumir drogas o estar preocupado sobre el musical para Broadway. Meditabundo, limpio, ocupado en sus pensamientos. Sólo con la intención de dedicarse a la jardinería.

Hank y Faith, por petición de Charlie Runkle, fueron a buscar al artista al centro para que cambiara de opinión. En primera instancia no les fue bien. Con la determinación de despertar de su sueño de sobriedad a Fetch, Moody recurrió a un método más rústico.

Juntó un poco de drogas, y requirió la ayuda de Richard Bates como gancho de distracción de Gabriel, el director y encargado del centro de rehabilitación de reventados, adictos al alcohol y narcóticos.

La aparición de este profesor se debió al reprimido amor de Gabriel por Bates. Y que ya contó con un connotado episodio en la temporada pasada, cuando este admirador en su rol de guía espiritual de Richard, le dio un poco de placer oral. Todo un “error” explicó en esa oportunidad el personaje de Patrick Fischler.

El rescate sale a la perfección. Gabriel se encandila con la llegada de Bates y se encierran en la oficina para tener su propio remember. Ya en el aposento de los adictos, Hank junto a Faith y Becca, armaron una escandalosa y desordenada escena. Con marihuana y cocaína sobre la mesa, hicieron enloquecer y revivir las adicciones de estas pobres almas en desintoxicación. Atticus, gritando como desaforado, huyó del lugar. No quería volver a lo mismo. Sin embargo decayó ante los discursos en favor de su ego sobre su talento, sus creaciones y sobre las experiencias que puede vivir una fan. Por ese motivo, las drogas recorriendo su cuerpo componen al verdadero dueño y amo de uno de los musicales que la deberá romperla en Broadway.

En ‘The Abby’, el ideal femenino quedó en nada. La escritora y gurú feminista Ophelia Robins interpretada por Maggie Wheeler, confesó su deseo por Marcy. Ante la incomodidad, anunció su retiro. Sin embargo Ophelia, en su locura, y usando una pistola eléctrica, llevó a cabo el momento más hilarante de la historia. Le propinó un golpe de voltios a Marcy y la secuestró. Charly Runkle, hombre enamorado de la “pitufa”, hizo caso al llamado de su ex pareja y fue a rescatarla de la lunática Robins. En su intento, el calvo representante corrió la misma suerte. Choque voltaico, posteriormente encadenado y a la orden de una loca con unas tijeras de jardinería, con la misión de “podar” sin misericordia el pene del representante de las estrellas.

Con un poco de psicología y una charla sobre la lacra masculina, Marcy convenció a Ophelia de que la desatara para que ella realizara el acto cortopunzante. Ese fue el momento ideal para salir del paso, detener a Ophelia y salvar a Charlie de tan incómoda posición. En esta situación de precaria seguridad, vRunkle y Marcy convalidaron su amor. Incluso habrá casorio.

Mientras que Becca cumplió su palabra de la peregrinación literaria. Agarró sus pilchas y partió junto a su melenudo novio a territorios desconocidos.

Durante esta entrega, Hank está bien encaminado en su relación con Faith y con avances en su carrera como guionista musical. El escritor recorre un sendero postrimero de tranquilidad. Quizás se aproxima a un final feliz. Con una pareja estable. Un nuevo éxito en su trabajo. Pero el paso que dio Becca abrió una brecha. Se fue la hija y el “nido vacío” de Karen se acentuó. Quizás una conclusión no tan alegre. La soledad de Karen se posicionó como la mayor preocupación de Hank. Un dilema que deberá dilucidar en los últimos minutos de la sexta sesión de Californication.

 

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