3×10 The Killing: Six Minutes

Cuesta encontrar las palabras justas y las frases exactas cuando estas al frente de algo tan bueno. Dicen algunos que las palabras sobran. Y puede que tengan razón luego de ver un episodio tan profundo que termina por cortarte la respiración y hacerte reflexionar sobre varias cosas. Tic Tac, es hora de despegar…

Cristóbal Meléndez Martin (@melepasajero)

Doce horas pueden ser una eternidad o un suspiro, depende de tu visión o la forma en que llevas tu vida. Para Ray Seward, el reloj se ha convertido en un nuevo villano. Llegó el momento de la ejecución y los policías ensayan el momento. La cuenta regresiva se hace inevitable.
En un gran acierto, Six Minutes transcurre netamente en la cárcel, donde Linden intenta por todos los medios demostrar la inocencia de Ray. El punto de partida nace por uno de los anillos de Trisha encontrado en las cosas de Joe Mills, con lo cual la detective intenta que un fiscal, por lo menos, aplace la ejecución.

La esperanza ronda en el convicto que incluso no cae en los juegos mentales de Francis. El duro policía aterriza por completo toda ilusión a través de sus ácidas palabras. Pero Ray quiere creer en Sarah, y los televidentes también. Sin embargo, esos atisbos esperanzadores fueron escasos. En primera instancia, el juez acepta, una noticia alentadora que se quebró minutos después. Antes, Adrián (también en la cárcel) aseguró haber visto a su padre la noche que asesinaron a su mamá. Esta nueva noticia descoloca a la detective que increpa a un Seward que ya empieza a asimilar su destino.

Efectivamente el hombre estuvo esa noche, tras huir y luego volver a su hogar para buscar a su hijo, encontrándose con el cuerpo de su mujer. Otro punto fuerte del capítulo fueron los diálogos entre Sarah y Seward, las escenas entre ambos eran de un nivel superlativo por el nivel de confesiones que nacían, como los maltratos hacia Trisha y la petición de abortar a Adrian.

El tiempo se acaba, ya no hay pruebas sólidas para demostrar la inocencia de Ray. Sólo le queda un último deseo, ver a su hijo. Pero el reloj avanza y no deja tiempo para las despedidas. Ha llegado la hora del adiós…

Los últimos compases hablan por sí solos, desde esa caminata por el pasillo ante la atenta mirada de Adrián por la ventana. El rostro de un AdrianLindenSeward destrozado, las voces, los gestos, el ambiente de una ejecución macabra rodearon una constante sensación de angustia muy bien lograda. Además, el buen detalle cuando Francis es incapaz de poner la capucha sobre la cabeza del convicto, siendo Gabe quien toma la iniciativa, complementa a la perfección una despedida magistral en cuanto a la puesta en escena. Al final, luego que es soltado, se escuchan unos leves gritos de dolor por parte de Ray Seward ante una perpleja Sarah Linden. Un par de segundos y el reloj dejó de avanzar, la respiración del hombre también.

Gran y acojonante episodio que no sólo se disfruta, sino que te invita a reflexionar y pensar sobre la pena de muerte. El tratamiento fue el adecuado respetando los conceptos esenciales de la serie. Despedimos a un excelente personaje interpretado de manera maravillosa por el estadounidense Peter Sarsgaard. Ahora, nos enfocaremos en la season finale doble de The Killing con un Holder sumergido en el alcohol para pasar las penas y con Sarah que deberá recuperarse de este golpe emocional.

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