3×01 y 3×02 Wilfred: Uncertainty/Comfort

Regresó Wilfred. Retornó el humor negro, el enfoque de un algo y el desenfoque de todo. Los cuestionamientos de Ryan y los conceptos de Wilfred se centran en la convivencia con la sensación de incertidumbre y la capacidad de salir de la zona de comodidad.

Jonathan Navarro (@BartonWBickle)

Cuando la historia de amistad entre Ryan (Elijah Wood) y el perro Wilfred parece dar respuestas concretas respecto al verdadero origen de este can-humano, el relato se desvía. La historia continúa con la entrega de perspectivas y miradas hacia la vida a través de la vida de estos dos personajes. El rol de Jason Gann se encarga de establecer que toda revelación vendrá a su momento.

Hay que aprender a convivir con la incertidumbre. Evitar la ansiedad. Términos y enseñanzas que esta serie se encargó de expresar en este primer episodio.

El dibujo de infancia con el que había finalizado la segunda temporada, planteaba la duda del por qué Ryan había dibujado a un perro muy parecido a Wilfred, cuando todavía la mascota con acento australiano no existía.

Ryan indaga por semanas. Tiene ideas de reencarnación, viaje en el tiempo y de un poder psíquico. Demasiadas posibilidades que pueden sustentarse en una enfermedad mental. El abogado saca en limpio que Wilfred es una proyección de su cabeza debido a sus traumas de infancia.

Pero el perro también hizo una investigación. La conclusión de este canino es que es un sujeto mágico. Además Wilfred baraja la idea de que es inmortal. Que una de sus dueñas fue Anna Frank y que sus liberadores fueron unos distinguidos alemanes.

Dentro del juego de la vida eterna, el perro de Jenna (Fiona Gubelmann) quiso demostrar su supuesta capacidad al beber líquido de limpieza. Terminó en el veterinario y con un lavado de estómago. En ese lugar le entregaron exámenes e información respecto a otro de sus dueños.

Se dirigieron a Sacramento. Allí encontraron a un perro idéntico a Wilfred: Stinky. La explicación en el origen de este perro se basaba en el deseo de su dueña, la Sra. Covington, por la clonación. Idea absurda en un encuentro con un perro más sofisticado, altanero y cocainómano.

Quien no pueda con la incertidumbre, quizás, y como un consejo extremo de Wilfred a Ryan, deba matarse. Recuerda que cuando lo conoció, él intentaba suicidarse con pastillas para dormir. La mascota apareció justo en el inicio de un ciclo, y probablemente podría significar el cierre de uno. Sin embargo, Newman se percata de que este can era Stinky. Hubo cambio de roles.

Ryan recupera a Wilfred. Vuelven al sótano de las divagaciones. El perro quema el dibujo de la discordia y la fotografía de infancia. Ambos elementos de confusión en Ryan. Todo para comprender que deberá vivir con algo de incertidumbre.

Comfort

La muerte para Wilfred es un largo paseo. Eso porque “indudablemente” algún día volverá a ver a esa persona o coterráneo que partió a “dar una vuelta”. Ryan le aclara la película. Cuando uno se muere, está todo acabado. No se vuelve a vivir. El can va más allá y pregunta qué viene después. Según el abogado, nada. Pero los cristianos por ejemplo, creen que la existencia continúa en el cielo.

Nunca hubo un Wilfred tan involucrado en una creencia. Una mínima partícula y pregunta sobre el cielo, el edén y Dios, cambió la personalidad de Wilfred hacia un perro fanático de la palabra del Señor. El protagonista de la serie demuestra el ridículo y la exacerbación de muchas personas cuando se entregan a una religión. Ellos se transforman en individuos extremos e intolerantes.

Ante la violenta entrada de Wilfred al Cristianismo, decidió casarse con “Bear” (Oso), tener siempre a pata una biblia y hacerle la cruz a la figura del Diablo.

Uno de los representantes de Satán está formando amistad con Ryan: Bill. El cartero tiene gustos parecidos con el abogado. Por eso se juntan, charlan y beben unas cervezas.

Wilfred está imbuido en la creencia, en la muerte y la salvación. Incluso tuvo un encuentro con Jesús. Éste se dio mientras Ryan estaba en el bar junto a Bill, y él en el auto. Un mendigo con pinta de Jesús rompió el vidrio del auto de Newman y se robó la radio. Para el abogado ese era un ladrón, para Wilfred un salvador.

Jenna regresó de su luna de Miel con Drew (Chris Klein). Ella siente presión y una rara necesidad por hablar con Ryan. El abogado es invitado a cenar en la casa de la periodista. Dice que irá. Sin embargo, prefiere ir a la casa de Bill, a echar la talla y beber junto a un grupo de carteros.

Wilfred lo persigue. Bill y todos los carteros representan a Satán. Seguidores del Diablo. Sabotea la junta. Habla (Ladra) como un fanático fervoroso y embalado con la obra del Señor.

El grupo de carteros se sorprende. Se alejan y demuestran temor ante la verborrea de Wilfred. Estos trabajadores salen de su zona de confort. El perro los hace recordar a Barry. Uno de los suyos, quien falleció luego de ser mordido en el cuello por un pitbull. Un punto de tristeza, pero también un lugar de convención y unión.

Ryan siempre se mostró como alguien que evitaba los problemas. No salía de su comodidad. El hecho de alejarse de Jenna, su vecina y ya consolidado amor platónico, significaba estar en constante comodidad. Su eufórica reunión en la casa de Bill, le demostró que debía cambiar su actitud. Seguir en la onda de buen amigo y vecino.

Buen arranque de la serie dramática de FX. Dos capítulos con un humor de nuevas perspectivas, como lo fue con la religión. Las interrogantes de lo que es realmente Wilfred y el progreso de Ryan como persona y profesional serán temas inevitables en la convivencia con el perro de acento australiano.

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