2×02 Hannibal: Sakisuki

 

Roland Umber fue en “Sakisuki” la gran pista a seguir sobre el caso de la paleta de colores. Un mural humano. Beethoven y su novena sinfonía coronaron la gran jugada de Hannibal, quien amó el trabajo ajeno y lo tomó por su cuenta.

Jonathan Navarro (@BartonWBickle)

La maqueta humana, la paleta de colores, la enfermiza obra hecha en base a cadáveres terminó en un reflejo. En un último cuerpo: El del propio asesino como parte de la construcción de arte. Quién más que Hannibal Lecter para explotar sus sentidos y su inteligencia para dar con el sitio de la inspiración, admirar la labor de su coterráneo psicopático y hacerse, con su exquisita propiedad de persuasión, de la “pincelada” final del cuadro, conseguir una pierna para alguna fineza culinaria y satisfacer su máxima necesidad.

Roland Umber fue en “Sakisuki” la gran pista a seguir sobre el caso de la paleta de colores. Un mural humano. Beethoven y su novena sinfonía coronaron la gran jugada del psiquiatra, quien amó el trabajo ajeno y lo tomó por su cuenta.

La obsesión de Hannibal con Will continúa. Una particularidad de la cual se tiene que alejar Bedelia Du Maurier, la terapeuta de nuestro protagonista, debido a la “peligrosidad” del especialista. Lo mejor del papel de Gillian Anderson es su renovado miedo hacia su paciente, es latente. Esta decisión insertó un poco más de dudas en Jack Crawford acerca de su encargado en los perfiles psicológicos. De paso entregó un espaldarazo al diseñador de escenas del crimen con un “yo te creo” en el psiquiátrico de Baltimore.

Beverly Katz también va tomando fuerza. Curiosa y atrevida. La forense se acercó aún más al rol de Hugh Dancy para tener teorías más certeras sobre el caso del mural. Las constantes visitas están allanando la ruta para que Lecter esté más enfocado y atento a esta relación empleada FBI-convicto.

El diseño de la construcción de la violencia es lo único que calma a Will. Eso deberá hacer mientras se aproxime el juicio que tendrá en su contra, el cual ya nos planteó un avance sobre la disputa y un dilema para el acusado: Declararse inocente y evitar mayores vergüenzas para el FBI o dejarse llevar por la barredora judicial de la agencia, liderada en este caso por Kade Purnell (Cynthia Nixon-Sex and the City), y decir simplemente que es culpable de los asesinatos de Baltimore.

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