1×07 Hannibal: Sorbet

Apareció el recetario de Hannibal. El FBI rellena su morgue con nuevas víctimas mutiladas a manos del destripador “Chesapeake”. En “Sorbet” se habla de la brutalidad distintiva del criminal de moda. 

Jonathan Navarro (@BartonWBickle) 

“Hannibal” y su ‘Sorbet’, una historia expresada desde las entrañas. De lo más recóndito del ser humano. La emisión del sonido, el cual llega a los oídos de Lecter, es emoción pura. En la ópera, el psiquiatra vibra y aparece en sociedad; es aclamado por una conocida respecto a sus dotes en gastronomía.

Quien continúa apesadumbrado es Jack. Además tiene pesadillas con el brazo de Miriam Lass, la aprendiz FBI que desapareció en plena investigación de “Chesapeake”.

Nueva llamada, nueva víctima. Un hombre ensangrentado, sin algunos de sus órganos y en una bañera. Will “ilumina” la escena. Un individuo que lucha, forcejea y sufre un corte profundo de su victimario. El asesino toma su corazón y le hace un masaje cardíaco interno. Aún quedan cosas pendientes. Graham cree que esto sólo corresponde a una aventura de algún estudiante de medicina. Sólo hay similitudes con “Chesapeake”. Jack sólo piensa en tener de frente al destripador original para dispararle.

En tanto, Lecter recibe a Franklyn, uno de sus pacientes y con quien se encontró en la ópera. El visitante le dice que quiere que sean amigos. Hannibal sentencia que no es buena idea. El especialista se ofusca en silencio.

Salto en el tiempo. Hannibal visita a su terapeuta, llevada a cabo por Gillian Anderson (The X-Files). Ella habla de la falta de honestidad y del “traje” de personalidad que lleva puesto, desde el punto de vista psicológico, el rol interpretado por Mads Mikkelsen.

Hannibal habla con Will sobre la misión del destripador en la conservación de los órganos. El psiquiatra en un flashback obtiene una situación, un hombre, un próximo malaventurado. El recuerdo: un examen rutinario de sangre. Quien toma la muestra, servirá con sus riñones y su corazón al destripador. La línea de acción, y la cual ya es una constante con Lecter, es que nunca aparece dando el golpe fatal. Su gloria sólo se percibe a la hora de filetear la carne y preparar platos de comida. El recetario salió a la luz.

El equipo FBI intenta detallar el perfil del victimario de los últimos casos. La consecución de hechos y las variaciones en las disecciones, dejaron un halo de confusión en el grupo forense. Piensan que estos crímenes son motivados por el requerimiento de trasplantes de órganos.

Y si el recetario ya quedó expuesto, el cómo saciar la necesidad de hígados, pulmones y sesos, también. El tarjetero lleno de trabajadores y representantes, conforman la extensa gama de alimentos de un organizado Hannibal. El psiquiatra se prepara para un banquete. Mientras la morgue del FBI se llena nuevos machacados.

El psiquiatra encuentra a un ensimismado Will. El colaborador de la policía estaba observando las humillaciones y los “mensajes” de las mutilaciones de las víctimas.

La integrante del FBI, Beverly Katz, encuentra algo extraño. La cámara de seguridad del hotel en que estaba hospedado el primer asesinado, graba la salida de la ambulancia, la cual ante la emergencia, ni siquiera salió con rapidez hacia el hospital. Una rareza que llevó a Jack, Will y también Lecter, a seguir la pista de esta camioneta.

Se halla el vehículo y su conductor. Devon Silvestre estaba extirpando un riñón un malherido. Un nuevo imitador en la historia. El que generó desorden.

Con “Sorbet”, Hannibal volvió a vivir un breve desvío en su relato. Ese es su estilo y habilidad. Imágenes y proyecciones con elegancia. Gente que aparenta algo irreal.

Pero siempre la coherencia dentro de todo. Entre tanto psiquiatra y maroma mental, hasta Jack Crawford, está sufriendo los embates de un hombre único, elegante, sensible y que de pasada lo humilló. Todo bajo la firma de “Chesapeake”.

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