1×04 Under The Dome: Outbreak

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Una epidemia afecta a gran parte de la población y genera un caos de proporciones en la ciudad. Mientras, Julia tiene entre ceja y ceja a Barbie y encuentra nuevas pistas acerca de su esposo desaparecido.

Juan Carlos Muñoz (@walasbishop)

Agarró vuelito. El cuarto capítulo de Under The Dome al fin trajo consigo le emoción que todos estábamos esperando. Es que si bien la historia nos había impresionado con algunos momentos que nos hacían ilusionar, necesitábamos un episodio redondo y que nos dejara desesperados porque pase rápido la semana para ver el siguiente.

Tal cual, pues Outbreak nos mostró pinceladas de todas las historias y nos fue entregando nuevas pistas de lo que está ocurriendo en el aproblemado Chester’s Mill, pueblo que lleva cuatro días aislado por una cúpula gigante que tiene a toda la población envuelta en el caos y el miedo.

Y más aún tras un brote de una supuesta meningitis que mandó a varios al hospital, todos con síntomas de fiebre y desmayo. Un problema prácticamente sin resolver para una ciudad que no tiene contacto con el exterior y que no cuenta con los doctores ni los medicamentos suficientes para abastecer a los enfermos, entre los que se encuentran la sheriff Linda y la periodista Julia y el DJ de la radio  Phil.

Por lo mismo, el concejal James y el intrigante Barbie deciden ir en busca de los remedios a una farmacia cercana para ayudar a los afectados por el contagioso brote. Sin embargo, cuando llegan se dan cuenta que el lugar fue saqueado por completo y que la salud de los pueblerinos se encuentra en peligro.

Pero claro, como James se las sabe por libro, de inmediato intuye quién podría haber sido el responsable del robo: el reverendo Lester. Y efectivamente, era él quien se había llevado los medicamentos para quemarlos, pues “la voluntad de Dios” decía que el destino de todas las personas debían morir.

Sin embargo, la pareja de “héroes” logra salvar gran parte de los remedios y volver al centro hospitalario, donde Linda y se encontraban batallando entre la vida y la muerte. Y en esa misma, se pudo ver una de las escenas más emotivas de la noche, cuando el irreverente Junior, encargado por su padre para proteger la puerta del hospital para que nadie saliera y evitar que la enfermedad se propague, se la juega con un discurso que nos dejó a todos helados. Obvio, pues estábamos acostumbrados a ver a un joven mucho más frío y con poco sentido de le generosidad.

Por otra parte, las escenas que nos llevan más a la trama principal corrieron por cuenta de Julia. La colorina reportera comienza a dudar de Barbie tras encontrarle un misterioso mapa entre sus pertenencias, siendo que él le había jurado que es la primera vez que pisa Chester’s Mill.

Y como todo buena periodista, siguió buscando pistas para conocer más la verdad de este misterioso hombre, sin saber que precisamente él fue el causante de la muerte de su desaparecido esposo. Eso sí, la mujer se acerca un poco más a la verdad gracias a Junior y Phil. El primero le cuenta que lo había visto en una cabaña cercana y el segundo que su marido le había vendido el auto hace algunos días.

Tras cartón, el personaje interpretado por Rachelle Lefevre decide ir al lugar para saber en qué está metido su pareja, quien no ha dado señales desde que la cúpula se instaló en la ciudad. En la cabaña, se da cuenta que su partido estaba metido en algo turbio, pues su familia estaba quebrada y que había vaciado todas sus cuentas. Y que claro, Barbie tenía algo que ver con su desaparición.

Claro, pues el rubio le confiesa que trabaja como corredor de apuestas. O sea, se dedicaba a cobrarles el dinero a los tipos que no querían pagar, ya sea a la buena o a la mala. Sin embargo, no hace mención  a que fue él quien le quitó la vida a Peter y le dice a Julia que lo más probable es que su esposo haya abandonado la ciudad.

Por su parte, Joe y Norrie fueron examinados tras ataques de epilepsia que sufrieron en el capítulo anterior, pero todos los estudios salieron sin alteraciones. Sin embargo, los jóvenes decidieron grabarse y juntar sus manos (acto que provocó sus ataques anteriormente) para ver que ocurría. Y claro, tras entrelazar sus dedos, se fueron al suelo y repetían una y otra vez “las estrellas rosadas están cayendo. Al despertar, ninguno recordaba nada y decidieron no contarle a nadie lo sucedido.

Como puede ver, nos enfrentamos a un episodio que tuvo de todo. Que fue ahondando más en cada una de las temáticas y donde el misterio y la incertidumbre tomó más fuerza que nunca. Es de esperar que la historia siga por esa línea y que al fin Under The Dome agarre y retome ese ritmo que nos sorprendió en un comienzo.

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