10×19 Two and a Half Men: Big episode. Someone stole a spoon

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La actuación de Herb Melnick salvó el capítulo. Mientras que el humor y las tallas entre Alan y Walden confirmaron su estancamiento en guiños homosexuales, además de la reiteración que el hermano menor del fallecido Charlie es un tipo miserable.

Jonathan Navarro (@BartonWBickle)

Alan Harper completó su retorno número 8.559 al antiguo hogar de su hermano Charlie y a la actual morada de su amigo y principal financiador, Walden Schmidt.

En “Big episode. Someone stole a spoon”, se insistió en buscar la risa a través de los guiños homosexuales en una práctica de yoga entre Alan y Walden.

Además de la reiteración de los guionistas por recalcar que Alan es un tipo miserable, cafiche, tacaño, hediondo y con la constante amenaza de que se tirará un peo en cualquier momento. Lo escatológico ya es abuso con en el pobre personaje de John Cryer.

Two and a Half Men dio paso a lo que será el fin de su décima temporada, y su segundo tramo sin la presencia de Charlie Sheen.

Sin embargo, y para dar frescura a los diálogos en la casa Schmitd-Harper, la entrada en escena de Herb Melnick, le entregó un poco de humor inocentón a Two and a Half Men.

Su reciente ruptura con la histérica Judith, la ex esposa de Alan y madre de Jake, lo dispuso como un simple médico, sin amigos y con la determinación de conocer a otras mujeres para olvidar a su señora. Todo esto luego de una charla con Walden, quien le recomendó seguir adelante con su vida.

Alcohol y fiestas. La lucidez y visión de campo de Herb por dejar de lado su quiebre, le dio a este pediatra de profesión, y “real doctor” a diferencia de Alan (Quiropráctico), una constante rutina festiva para dejar atrás su separación.

Con esa disposición, salió con visitadoras médicas, armó carretes y rellenó su organismo con medicamentos. En tanto los dueños de casa fueron arrasados por el frenético ritmo de parranda de quien, y hasta el capítulo 19 de esta temporada, dio la impresión de nunca haber ido a una fiesta.

El desorden que vivió la mítica casa de Malibú dejó la “pelota boteando” para que Walden rememorara en una sola frase el constante fantasma del reventado Charlie Sheen.

La participación de Herb dispuso de un nuevo aire. Justo en paralelo cuando Walden y Alan se encuentran en una cíclica rutina de risas sobre gases, fracasos financieros, vómitos y desgracia entre dos amigos solterones.

 

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